
Cuando te vi entre la multitud había olvidado lo que era perderme en una mirada. Nunca pude hacer la cuenta de los días que llevaba en soledad. Ni siquiera la imagen de algún preso, tachando las semanas sobre la pared, me servía de ejemplo para desbaratar mi propio encierro. Quizás otros calendarios, no el mío; aunque, para ser honesto, se parecían en algo: cuatro paredes y varios barrotes convertidos en fronteras infranqueables…
Ahora cantan en la radio. Se escucha una voz que le hace juego a la melodía del piano. “Porteños” me dices y sueltas esa risa contagiosa. Te respondo que, gracias a Dios, nuestro acento es neutro; pero que va, no podré ocultar jamás el eco de mis palabras ataviadas con la niebla del páramo.
Llueve allá y por aquí no escampa. Invariablemente tengo que aclararte que en mi patria no hay estaciones. Sí, ya sé, suena raro. Lo más cercano a la nieve es el granizo. Y el sol de los venados es un extraño privilegio que, en ocasiones, pinta de colores las montañas que protegen mi ciudad. Cuestión de latitudes. Lo único cierto es que la primavera llegó una noche, golpeó quedito la ventana y se instaló en mi habitación.
Es tarde. O bueno, no tanto como para no quedarnos un ratico más. Siempre aplazo la despedida. Me cuesta conciliar el sueño porque empiezo a hablar con la almohada, a dar vueltas y a recordar cada una de tus frases ingeniosas y divertidas. Me pregunto al mismo tiempo tantas cosas. También aventuro respuestas. Y en ese intervalo que va desde el besito de buenas noches hasta un despertar lleno de ilusiones, me permito una pausa de silencios. Es ahí donde abro lentamente los ojos y derribo nuevamente esos muros, esas paredes, esos barrotes… Quiero perderme en tu mirada, reflejarme en tu verde, hacerte sonreír, tomarte de la mano y caminar en tu Sur.
Monday, November 02, 2009
Sin límites
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Monday, October 19, 2009
Por tu sendero
Falta el tiempo que no sobra. Se reducen las horas, los días, los meses, los años. Es la notificación que llega a la montaña desde una llanura azul . Sabemos que la distancia es una espera que acumula los deseos. Presentimos el abrazo que ya existe, dos corazones que laten sin medida y se refugian entre pieles, vino, tierra y barro. Caminaremos tomaditos de las manos. Me enseñarás el brillo de una Plata que ya intuyo. Sobornaremos con sonrisas los árboles del bosque de tu alegría. Cantaremos a una sola voz encima del silencio que tantas veces nos aclamaba. Bailaremos al lado de la soledad porque no la odiamos; dejaremos que sea testigo de nuestro mutuo hallazgo. Ni siquiera habrá espacio para esos espacios vacíos que nos aquejaban. Un sólo suspiro entrelazado en los surcos de la memoria. Una tímida caricia. Un vaivén de sensaciones en la misma orilla. Un minuto que evapore de una vez y para siempre los ecos de alguna lágrima extraviada. Y entonces, cuando ya no hayan más pretextos, cuando afloje el último músculo que estaba quieto, cuando de repente nos tengamos ganas, no habrá espacio, silencio, canto, risa, nada. Solamente dos que suman uno en el amor.
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Monday, October 05, 2009
Simplemente La Negra
La vi en 1992 en un concierto al lado de Alberto Cortez y Nito Mestre. La Negra bailó, tocó el bombo, cantó, y nos regaló la inigualable interpretación del folklore latinoamericano que, gracias a su voz, adquiría la esencia de lo sublime. Algo normal en una artista de su entrega y talento; pero si a lo anterior agregamos que el concierto fue en Bogotá- ubicada a 2600 metros de altura- la fuerza de Mercedes Sosa en el escenario era para quitarse el sombrero. Y el público bogotano se lo reconoció con una lluvia de flores y de aplausos que le arrancaron esa sonrisa que enamoró a todo mundo.
Tenía de compositora lo que Pelé de filósofo, sin embargo, cuando se lanza la pregunta: ¿usted sabe cuál es el autor de Gracias a la vida, Como la cigarra, Canción con todos, Duerme negrito, Que vivan los estudiantes, Alfonsina y el mar, Canción de las simples cosas, zamba para olvidar, Que vivan los estudiantes...? apuesto a que usted, yo y los demás, responderemos: ¿nos creen idiotas? pues obvio: Mercedes Sosa.
Argentina, tucumana, latinoamericana, universal y, sobretodo, del pueblo. Querida y admirada, aunque resistida por esa minoría (muy poderosa por cierto) que ve el polvo de los caminos desde la frialdad de sus torres de arrogancia, no escapó a la persecución y tuvo que salir de su amada Argentina a un exilio que la llevó de continente en continente hasta regresar en 1982 al entrañable país del sur. Eso, en lugar de apagarla, logró el efecto contrario: convertirla en el grito de millones de seres anónimos, humillados y oprimidos.
Ayer despertamos con un vacío en el corazón. Hoy es posible que las cosas sigan su curso normal. Lo único que no volverá a ser igual es la presencia palpable y cercana de esa mujer que llevaba un continente entero en su voz. A ella le agradezco la oportunidad que me dio de sentir la magia de las luciérnagas, el vuelo del cóndor y el abrazo de la tierra.
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Saturday, September 26, 2009
SOMOS
De punta a punta una voz se cuela en los recovecos del alma. Patria, tierra, cielo, pueblo, camino, lucha y mujer. Se abre paso desde lo más alto de la cordillera y recorre llanuras, sabanas, ríos, lagos, mares, selvas y volcanes. País sin estaciones que ahora se viste de primavera y dibuja un sueño que acaricia el viento procedente del sur.
Hablamos un mismo idioma y buscamos la manera de andar los mismos pasos. Tu libertad toma la mano de la mía y juntas van perfilando una sombra que le hace cosquillas al silencio.
Más allá de los límites que nos convocan hay un campo sembrado de maíz del que se alimentan los pájaros que nos acompañan. Y en ese momento una canción se escucha a lo largo y a lo ancho del continente: SOMOS tú, yo y nuestra cosecha de amor.
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Sunday, September 13, 2009
Borrasca en vuelo
Muelle nacional 3:30 de la tarde. No he viajado mucho en avión. Solamente cuando fui a Cali en 1980, por eso estaba más despistado que quienes aterrizaban por primera vez en Bogotá. Detrás de los cristales aparecían los pasajeros. Algunos arrastraban sus maletas de ruedas, otros sólo llevaban un maletín de manos, los demás no cargaban nada salvo el saco en el brazo o un libro. A mi derecha una caseta en la que los viajeros preguntaban el valor del taxi según su lugar de destino. Detrás varias personas que extendían carteles con un nombre y otros con los símbolos de varios hoteles de la capital.
Miré una y otra vez la pantalla que anunciaba la salida y llegada de los vuelos, y por ninguna parte encontré el que esperaba de Medellín.
-“Si es de Avianca debió ir al Puente Aéreo”, me dijo un señor que, al parecer, también esperaba a alguien.
Aunque tenía razón no le había dicho que mi amiga conectaba después con Europa; eso me dio tranquilidad pues sabía que, de todas maneras, pasaría obligatoriamente por aquí.
Luego de treinta interminables minutos al fin apareció. Venía sonriente. Atravesó la puerta. Levanté la mano para saludarla, pero siguió de largo; ni siquiera se fijó en mí. Caminé detrás de ella y antes de alcanzarla la llamé por su nombre. Se volteó, se quedó mirándome de arriba abajo y dijo:
-“Ay. ¿Acaso no eras gordo?"
Me limité a reír. Sólo nos conocíamos por fotos y siempre salgo muy cachetón. Tal vez por eso me vio pasadito de kilos.
-“Venga le doy un abrazo” agregó y en seguida nos estrechamos cálidamente.
Las despedidas suelen ser muy tristes. En nuestro caso, sin embargo, fue un adiós cargado de bienvenidas. Hablar sin parar durante más de dos horas, brindar con café y cerveza y entender que, después de un año de compartir en la distancia, logramos consolidar frente a frente la amistad.
Han pasado tres semanas y hasta ahora pude sentarme a escribir estas palabras. Todavía escucho el ruido de los aviones, las voces de los pasajeros o visitantes ocasionales del aeropuerto, como también tengo grabadas las lágrimas de los que se van y de los que se quedan. Aún saboreo el café de ese no lugar en el que el tiempo es una absurda circunstancia; pero, sobre todo, recuerdo aquella presencia entrañable que se materializó el 26 de agosto y que- según me cuenta en un mensaje- le está yendo de “puta madre”.
Allá, al otro lado del charco, un viento repentino arribó procedente de Bogotá- Locombia. No sé en cuál estación andarán por el viejo continente. Seguramente dentro de algunos meses llegue el invierto. Lo único que me importa es que pude darle mi cariño y ella, además de corresponderlo, me dejó su alegría antes de perderse lentamente en ese pasillo que la llevaría a cumplir su sueño y a continuar con su historia de amor.
-“Tu vida- mi paisita hermosa- da para que escribas una novela”.
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